
Con la caída de los Dioses tomaré a Visconti de mi mano y le llevaré a la cima del paraíso, donde aquellos que han alcanzado la suprema verdad en el Mundo Terrenal son lanzados a un vacío en cuyo final Dios, con sus potentes fauces metálicas abiertas, espera engullir a los que han desafiado su voluntad: nadie debe saber, nadie debe vivir. Decapitará de un mordisco al aristócrata infiel y entre las muelas estallará su cabeza con la facilidad con la que un niño estalla una piruleta entre sus infantiles dientes.
Y gozará su lengua al contacto con el jugo grisáceo: Y tendrá el conde Visconti de Modroso un último espasmo neuronal.

1 comentario:
oye puta, debiste leer la advertencia de mi blog antes de postear: "Aqui no entra rojos ni zurdería varia"
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